
TXT:Michelle Allegrìa
Y si Villa hubiera estado ahí se hubiese sentido orgulloso de ver el águila dorada del Salón de Actos del Palacio de Minería, sobre las cabezas de sus dos nietas, que no niegan su cruz. Su porte es autoritario como el del Centauro, aunque contrasta con sus voces melodiosas, de mujer.
Doroteo Arango, el Centauro del Norte, mejor conocido como Pancho Villa, sigue vivo. La memoria colectiva de la gente lo ha traído a colación desde entonces. Fue así en la tarde del 5 de marzo en la presentación del libro Villa de mis amores durante la XXII Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.
Villa no puede morir, y no morirá. Es leyenda, es un gran mito de la Revolución Mexicana, es uno de sus más anhelantes recuerdos. Cuando Rosa Helia y Guadalupe Villa, escritoras del libro, decidieron desentrañar el mito de su antepasado se toparon con un problema: no pudieron. Las nietas del revolucionario hablaron de él, pero parecían más bien, distantes del mismo. No daba la impresión de que lo hubiesen conocido y así lo afirmaron: “nosotras no lo conocimos, cuando él murió mi padre era muy chico y a penas lo recuerda”.
Pero hicieron del Centauro del Norte su hilo conductor de la historia y así lograron perpetrar más su imagen y profundizar en su vida. “No es un libro académico, pero si tiene un poco de texto cuyo propósito es que la gente vaya conociendo el fenómeno de este hombre” aclaró Rosa Helia.
Se sentía un ambiente decoroso, parecía que el Centauro estaba presente. Quizá por la seriedad del lugar y por los rostros duros de las presentadoras. Todo indicaba que la charla con el público no tendría cabida. Pero no fue así.

En el recinto que se hallaba poco abarrotado, se encontraban almas revolucionarias, llenas de la ideología de Pancho Villa que se manifestaron ante la pregunta de Rosa Helia cuando quiso entablar una conversación con los presentes: “¿Por qué sigue vivo el recuerdo de Villa?”. Tímidamente algunos decidieron levantar la mano y responder: Representa para la gente reprimida su redentor, su Robin Hood.
Los asistentes se abrieron hacia las imponentes mujeres y decidieron seguir tomando la palabra, hasta llegar a la puntualización de que no hay un motivo, sino muchos, por los que el Centauro sigue vivo en la gente, quizá unas de esas razones estaban sentadas enfrente del público silencioso: sus nietas, autoras del libro Villa de mis amores.
Doroteo Arango, el Centauro del Norte, mejor conocido como Pancho Villa, sigue vivo. La memoria colectiva de la gente lo ha traído a colación desde entonces. Fue así en la tarde del 5 de marzo en la presentación del libro Villa de mis amores durante la XXII Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.
Villa no puede morir, y no morirá. Es leyenda, es un gran mito de la Revolución Mexicana, es uno de sus más anhelantes recuerdos. Cuando Rosa Helia y Guadalupe Villa, escritoras del libro, decidieron desentrañar el mito de su antepasado se toparon con un problema: no pudieron. Las nietas del revolucionario hablaron de él, pero parecían más bien, distantes del mismo. No daba la impresión de que lo hubiesen conocido y así lo afirmaron: “nosotras no lo conocimos, cuando él murió mi padre era muy chico y a penas lo recuerda”.
Pero hicieron del Centauro del Norte su hilo conductor de la historia y así lograron perpetrar más su imagen y profundizar en su vida. “No es un libro académico, pero si tiene un poco de texto cuyo propósito es que la gente vaya conociendo el fenómeno de este hombre” aclaró Rosa Helia.
Se sentía un ambiente decoroso, parecía que el Centauro estaba presente. Quizá por la seriedad del lugar y por los rostros duros de las presentadoras. Todo indicaba que la charla con el público no tendría cabida. Pero no fue así.
En el recinto que se hallaba poco abarrotado, se encontraban almas revolucionarias, llenas de la ideología de Pancho Villa que se manifestaron ante la pregunta de Rosa Helia cuando quiso entablar una conversación con los presentes: “¿Por qué sigue vivo el recuerdo de Villa?”. Tímidamente algunos decidieron levantar la mano y responder: Representa para la gente reprimida su redentor, su Robin Hood.
Los asistentes se abrieron hacia las imponentes mujeres y decidieron seguir tomando la palabra, hasta llegar a la puntualización de que no hay un motivo, sino muchos, por los que el Centauro sigue vivo en la gente, quizá unas de esas razones estaban sentadas enfrente del público silencioso: sus nietas, autoras del libro Villa de mis amores.
