Txt: Gus Galván
Fotos: Abril Tovar y Gus Galván
Copetes y crinolinas; labios rojos y chamarras de cuero; lentes oscuros y paliacates a la cabeza, la invasión de la moda retro llego al Centro Nacional de las Artes (Cenart). Un domingo que parecía cualquiera, con un sol tibio y la familia mexicana recorriendo los amplios pastos del lugar. Con lentitud, poco a poco, un torrente de jóvenes se iban apoderando de la Plaza de la Música: el lugar designado para las presentaciones del Festival Fusión 011. Entre más se acercaba la hora indicada más gente se agrupaba cerca del escenario, grandes y pequeños por igual esperaban la llegada de tres felinos al escenario. Cerca de la 1:30 la espera término, los Rebel Cats tomaron el escenario y la fiesta daba su maullido inicial.
Vestidos con saco rosa, pantalón negro y zapatos de charol; estos felinos rebeldes pusieron a bailar a todo el mundo. Las parejas tomaban la explanada para enseñar sus mejores pasos, los más grandes recordaban con alegría aquellos años donde el rockabilly era el rey de las pistas. Las parejas jóvenes no se quedarón atrás; en los últimos 5 años el sonido rockabilly ha tenido una revaloración en nuestro país, cada día más y más agrupaciones llevan no solo el sonido, también el aspecto visual de los años cincuenta. Valoramos lo viejo y le damos una nueva forma, Elvis regresa rememorado por momentos en las guitarras de los Rebel Cats.
Conforme transcurre la tarde las canciones van emergiendo: “La chica rockabilly” es dedicada a todas las damas presentes; “Diversión” es una invitación a un viernes de pinta; “El hombre lobo adolescente” es el aullido convertido en ritmo; pero también hay lugar para los clásicos homenajes a Elvis Presley y Johny Cash, precursores de la escena del rock.
Mientras el final se va acercando poco a poco, la fiesta va subiendo de tono. Las parejas van aumentando y la conexión entre el público y la banda se va reforzando. Después de una hora en el escenario los Rebel Cats se despiden entre gritos y aplausos. Solo regresan para cumplir el protocolo de regalar una canción más. La gente aplaude, el rockabilly suena y todos bailamos. Hoy fue una tarde del recuerdo, donde se unen dos puntos de la historia: la modernidad con el sonido de los años cincuenta. Recordar es vivir y si es bailando rockabilly que mejor.



