Texto y Fotos: Argelia Rivera.
Si algo hay que aplaudirle al Pasagüero es la gran diversidad musical que acostumbra en su agenda de eventos: rock, kuduro, cumbia, pop, electro, etc; todos los géneros son bien recibidos en el tan conocido bar de Motolinia que el pasado viernes 15 de julio abrió sus puertas al regiomontano Celso Piña.
A partir de las 10 de la noche la gente que iba llegando al lugar no dudó en comenzar la fiesta, los dj´s que se encargaron de amenizar la espera por el tan reconocido amo de la cumbia hicieron de la pista un verdadero jolgorio lleno de baile caliente. Ninguna otra noche en la que yo haya estado ahí había tenido más olor a tequila que ese viernes, la gente estaba muuuy feliz, por así decirlo.
Ya pasadas las 12 de la noche los integrantes de la ronda de Bogotá uniformados con unas playeras color negro con la leyenda “Celso Piña” a color blanco en el pecho salieron al escenario y al instante comenzaron a tocar a manera de marcha que anunciaba la llegada de “El cacique de la campana”.
Sin más, Celso, vestido con pantalones de mezclilla y una playera color café se montó su acordeón al hombro y ahora sí, toda la gente recordó qué era lo que esa noche había ido a hacer: bailar al ritmo de la cumbia y el vallato directititito de Monterrey, Nuevo León. Celso zapateaba en el escenario y de pronto se daba unas buenas vueltitas abrazado a su mejor pareja: el acordeón rojo.

El olor a tequila subía, mientras la gente se hacía (como podía) de un pedacito de espacio para poder echarse un pasito. Sin lugar a dudas dentro de las piezas más celebradas de la noche estuvo “Macondo”, la siempre ovacionada “Cumbia arenosa” seguida de la sabrosa “Cumbia Valledupar”. – ¿Ya se cansaron? preguntaba Celso. –Noooooooo, gritábamos todos, mientras el pasagüero se meneaba al ritmo de la cu cu cuuuuuuuumbia.

El traqueteo bajó de volumen cuando el momento romántico de la noche llegó. Sí, sí, para lo que se preguntaban si “El rebelde del acordeón” había tocado aquella canción hermosa que interpretara con Café Tacuba, me complace informarles que sí, el público entero cantó: “Aunque no sea conmigo”.
Y claro, hubo aplausos y estallidos de emociones por doquier cuando Celso terminó de interpretar éste tema, pero sin más al minuto ya nos tenía bailando de nuevo cuando escuchamos que “Cumbia sobre el río” sonaba en la casa: Colombia te canto con la mano arriba, cumbia reggae sound alegrándote la vida…

Pasada hora y media de aquella música que pone a bailar hasta a los muertos, Celso se despidió (literalmente) de sus seguidores, se acercó a todos los que nos encontrábamos a su alrededor nos agradeció y estrechó la mano. Qué más se puede decir de este Señor rebelde que su sencillez, entrega y talento no hayan dicho antes… Excelso Piña.


